No mountain is too high| Ecatherine Matnadze | ¿Qué provoca el coaching en tu cerebro?
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02 Mar ¿Qué provoca el coaching en tu cerebro?

El coaching es el cambio auto-dirigido en tu cerebro.

Hace 30 años la mayoría de los científicos pensaban que el cerebro no podía cambiar una vez llegado a la edad adulta. Ahora saben que puede cambiar.

La neuroplasticidad ha sido la palabra de moda en los últimos años. La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de cambiar. Y eso es justo lo que hacemos cuando trabajamos con el coach: cambiamos nuestro cerebro de la forma deseada. Al cambiar nuestro enfoque, no sólo cambiamos la forma en que pensamos y lo que sentimos, sino que también cambiamos anatómicamente nuestro cerebro tanto a nivel microscópico como a nivel más grande: algunas áreas se hacen más grandes, otras más pequeñas. Se forman nuevas vías, nuevas conexiones. Se liberan sustancias químicas diferentes. El coaching cambia lo que somos, cambia nuestra personalidad.

La neurociencia es el fundamento de todos los buenos modelos de coaching. La comprensión de la neurociencia nos permite a los coaches no sólo saber qué funciona mejor en cada situación, sino también por qué funciona.

cerebro

La amígdala y las emociones

La amígdala está en la parte límbica de nuestro cerebro y tradicionalmente se considera como el detector de amenaza, ya sea real o simbólica. Una de sus funciones es la respuesta “lucha o huida”.

Tu amígdala reacciona en menos de 80 milisegundos, mientras que tu percepción consciente tarda 250 milisegundos. Por lo tanto, puedes convertirte en la víctima de tu amígdala. Estos son algunos contextos en las que la amígdala entra en juego:

Estatus: Percibes que te comparas desfavorablemente con los demás, o temes que estás a punto de perder el estatus.

Feedback: El feedback también a menudo se percibe como amenaza para el estatus: ¿tengo que aprender de ti?

Micro-mensajes: pequeños mensajes no verbales sutiles: sonrisa, el ceño fruncido, mirar el móvil. Se perciben emocionalmente y de forma subconsciente. Cada uno enviamos alrededor de 3.000 micro-mensajes al día.

La activación de la amígdala puede reducir el rendimiento profundamente (sólo ver una cara con el ceño fruncido perjudica el rendimiento). Puede “robar” la sangre y la energía necesaria para el procesamiento consciente y puede hacer que el cerebro vaya “en automático”.

Es muy importante conocer tu amígdala y fortalecer su tolerancia a estos peligros simbólicos. Puedes influir en el tamaño y el nivel de actividad de la amígdala desde hoy mismo mediante el ejercicio, una dieta saludable, dormir lo suficiente y la meditación.

La neurociencia y los hábitos

¿Tienes algún hábito inútil, o algún hábito que quieres cambiar? Los hábitos son fantásticos desde el punto de vista neurológico y práctico ya que liberan el cerebro para que pueda centrarse en las cosas nuevas. Nuestro cerebro está diseñado para entrar en rutinas para no gastar energía innecesariamente. ¿Cómo? La forma en la que se comunican las neuronas es enviando señales de la una a la otra. Cuantas más veces un mensaje se comunica entre las neuronas, más fuerte se hace la conexión entre ellas. Las neuronas que se comunican mucho, se conectan. Et voilà, se forma un hábito.

La repetición es la clave. Da pasos pequeños. Construye el hábito que quieres crear en pequeños bloques, en cambios pequeños. Si quieres hacer ejercicio, comienza con 5 minutos cada día.

El contexto ayuda – poner las zapatillas de deporte al lado de la cama o poner alimentos más saludables en un lugar más accesible en la cocina ayudan a crear nuevos hábitos deseables.

Y ¿qué pasa con la fuerza de voluntad? Es sólo mediante la práctica de la fuerza de voluntad que la misma se fortalece. Cepillarse los dientes con la otra mano durante tres semanas aumenta tu fuerza de voluntad. Y cuando tengas que usarla, estará allí.

La neurociencia y los objetivos

Cuando las metas son demasiado grandes o las exigencias son muy altas, se crea una resistencia y nos paraliza. Un objetivo muy grande nos crea miedo y desencadena la reacción de la amígdala. Eso significa que el acceso al cerebro pensante, la corteza, se restringe y fracasamos.

Cuando las metas son pequeñas el miedo se pasa por alto, la corteza está accesible, y tenemos éxito, logramos nuestros objetivos.

Dar pequeños pasos a menudo es un camino más rápido, porque no nos crea la resistencia in-terna. Además, tomando pequeños pasos y teniendo éxito cambia nuestras creencias acerca de nosotros mismos.

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